jueves, 18 de agosto de 2011

De los 4400 y otras series

Viendo la primera entrada que escribí hace tres años, me acuerdo de la razón última de este blog. Resulta que habíamos tenido una experiencia, al parecer excitante, con alguien en el trabajo que nos llevó a relacionarlo con los 4400. Habría sido genial haber desarrollado la historia porque ahora no tengo ni la más remota idea de qué podría ser tan gracioso. La idea con este blog es ir anotando todas esas ocurrencias que pasan por mi cabeza y que se quedan ahí, desaprovechadas.

De todas formas observo que, a día de hoy, eso de los 4400 nos podría sonar a chino. Ha habido grandes producciones en la historia de la televisión que prometían mucho. Sin embargo no han llegado a calar en nuestras mentes de forma que pasen a formar parte del inconsciente colectivo de la cultura occidental. Y es que hacer una serie buena no es fácil y mantenerla en un nivel aceptable es una tarea aún más ardua. Por otro lado, hacer que nos estemos acordando durante años y años de que a Laura Palmer la mató su padre, de la imagen de Diana tragando ratoncicos o del moviento de nariz de Samantha... Eso ya es otra historia.

Nos publicitan en nuestras cadenas grandes maravillas procedentes del imperio catódico de Hollywood, pero después se quedan en poco más que un pasatiempo para esas tardes sofocantes de verano. Ejemplos tenemos varios además de los consabidos 4400: V (la nueva), Lipstick Jungle, Museo Coconut... Vale, la última es más albaceteña que hollywoodiense, pero me sirve igual. Otras fueron muy buenas realmente durante un tiempo, pero luego decaen, cual radio 228. House, que seguramente recordaremos durante una generación o dos, empezó muy bien y va a acabar un tanto cansina. Peor fue Falcon Crest, y aún así la recordamos con cariño.

En cuanto a las que he nombrado antes, mejor me explico. V tenía el dinero (y con eso digo los actores, los efectos y el merchandising) que su predecesora no tuvo. Tenía hasta mejor guion y ciertas novedades en la trama que hubiera valido la pena explorar. Aún así acabó cancelada. Había llegado un momento en el que no era sostenible (en ningún sentido).

La siguiente es Lipstick Jungle, cuya adaptación en español quedó como Mujeres de Manhattan. Teniendo en cuenta que era un intento de Candace Bushnell de reeditar su gallina de los huevos de oro, no podía salir bien. No solo era una revisited Sex and the City, también tenía su punto de Mujeres Desesperadas. Esto provocó que mi mujer y yo nos refiriéramos a la serie como Mujeres desesperadas buscan sexo en Manhattan. Con esas, Fox se empeño en publicitarla hasta la saciedad como la continuadora de Sexo en Nueva York, la serie que no te puedes perder, etc. Duró dos temporadas.

Con Museo Coconut tenemos el caso de una serie que ya viene definida por su situación en la parrilla. Relegada a esos canales nuevos de la TDT cuya existencia a veces es desconocida para el común de los mortales, la culpa no es de los productores, de los guionistas o de los actores. Ya la cadena ha decidido que la serie no merece más. Dentro de poco la veremos desaparecer.

¿Todo esto a qué venía? Ah, sí, a los 4400. Creo que mi entrada primigenia tenía que ver con un camión que no cabía por un túnel. Pero eso ya es otra historia...


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